sábado, 14 de octubre de 2023

Una historia para redimirme

Mi abuelita Tere murió mientras le lavaban el cabello y se llevó casi todos los recuerdos que tengo con ella. Me queda una foto donde me tiene entre sus brazos y me da un poco de pastel en mi primer cumpleaños. Seguro hubo otros momentos que he olvidado y que no podré recuperar. ¡Cuántos recuerdos míos, nuestros, dejé ir!

Qué ingrato. Muere mi abuela y sólo pienso en lo que pierdo yo. Es mi deber contar una historia para redimirme:

Tere y Geño son panaderos y viven en Tapalpa, Jalisco. Al ser el primer hijo de su primogénito, tengo su cariño asegurado. No hace falta que sea ocurrente, simpático o tierno, ellos me quieren y me alimentan. La gente toma las tenazas y las charolas, elige su pan, se forma, paga, se va; yo agarro las campechanas  apenas les terminan de poner el azúcar y las devoro sin cuidado de ensuciar el piso, todos me miran, qué lindo, ¿quieres más? Asiento con la boca llena y sonrío, entrecerrando los ojos, porque sé que les gusta que lo haga y no quiero que se queden con las ganas de festejarme.

En la adolescencia paso unas vacaciones con mis abuelos y me enseñan el oficio, pero tengo manos torpes para amasar y me da vergüenza repartir los panes con la canasta en la cabeza. Trabajara o no trabajara, cuando tenía que regresar a casa mi abuelita Tere siempre me daba dinero, y cuando no tenía me decía perdón, mi niño, no traigo mi bolso, y yo todo bueno la perdonaba porque la quería. 

Dos semanas antes de que muriera, fuimos a verla a ella y a Geño, que cumplía 90 años. Y comimos birria, y los abracé, y vi a papá feliz, como niño, acompañándolos. 

***

Hablo de mi abuela también para contar algo sobre mi papá.

Ese día, mi papá y yo habíamos ido por la mañana la hospital para ver si nos daban medicamentos para mi riñón. Mientras esperábamos juntos, me contaba sobre su madre.

Quizás mi papá me hablaba sobre mi abuela mientras a ella le lavaban el cabello. Esta imagen me conmueve: un hombre que piensa en su madre, poco antes de que ésta muera, mientras acompaña a su hijo en el hospital.

Cuando nos enteramos, vi a mi papá muy triste y confundido, como niño. Yo sólo atiné a abrazarlo fuerte, fuerte, como si eso conjurara las desgracias y él ya no pudiera morirse.

Más tarde otra imagen me conmueve: en el velorio, ese niño confundido está sentado entre su papá y su hijo, y le confiesa a éste que no debe llorar porque su papá podría necesitar a alguien que lo consuele.

(Es tan bueno mi papá que va a sentirse muy triste por no poder acompañarme cuando le llore).

A Doña Tere la enterraron en el mismo lugar donde Kenia, mi hermana, que murió hace más de treinta años. Hoy cumplimos un mes sin mi abuelita. Y yo le voy a estar eternamente agradecido por su cariño y por darme al mejor papá del mundo. 








jueves, 8 de diciembre de 2022

Participación en la presentación de "Nuestra Breve Tragedia" en Casa Terán

Como aspirante a escritor, uno de mis mayores miedos es enfrentarme a la hoja en blanco, descubrir que me he quedado sin ideas, que no tengo nada nuevo que decir. Sin embargo, arrastro un miedo más grande, enorme, casi con sobrepeso, que es hablar en público.

Para evitar exponer mi falta de habilidad en la improvisación, escribo unas algunas palabras sobre mi descubrimiento de la literatura y mi acercamiento a la poesía.

La literatura llegó a mí, o yo a ella, un poco tarde. Fue a los 16 o 17 años, por una tarea de declamación, que encontré, en el librero de la casa, un libro de Jaime Sabines.

Continúe leyendo y descubriendo a nuevos escritores. Y comencé a escribir mis primeros poemas de amor. Todos, evidentemente, horribles.

Escribía por necesidad de expresar lo que en ese momento me parecía una emoción que no podía entender ni contener. Y la escritura resultó para mí un proceso terapéutico. Poco después, empecé a escribir también para agradecer a las y los autores que me habían acompañado durante todos esos años, aunque para ser sinceros ese esbozo de homenaje parecía más bien un agravio.

También hay que decir que leer me ha permitido, en muy raras ocasiones, encontrar las palabras adecuadas y el orden en que deben ir cuando intento escribir; y se crea un poema que me gusta, que creo que tiene belleza en sí mismo. Aunque también pueda confundir la calidad literaria del texto con el valor sentimental de la experiencia. Aquí el tiempo ayuda mucho. Si después de unos días, meses o años, me encuentro por accidente aquellos versos y me siguen gustando, es porque quizás merezcan permanecer, ser compartidos.

En los últimos años, he tenido el descaro de compartir algunos de mis textos con mis amigos, muchos de ellos me acompañan aquí este día. Quiero agradecerles por sus generosos comentarios que han estimulado en mí el deseo de continuar con este oficio y animarme a publicar mis poemas. Si ahora me encuentro aquí, presentando mi libro, es por culpa de ustedes.

Pero también porque creo que la poesía carece de sentido si no se comparte. La poesía termina de hacerse con la lectura del otro. Cuando uno publica, los textos dejan de ser suyos y pasan a ser de sus lectores. Ustedes serán ahora los autores de estos poemas de amor y, como diría José Emilio Pacheco, inventarán los poemas al leerlos.

Espero que este libro pueda ser el peldaño, la rampita que les lleve a conocer a las escritoras y escritores que admiro, que les motive a leer más poesía, que les inspire a escribir su propia historia, y que algún poema de este libro, alguna de sus líneas, pueda justificar tanta tinta y tanto papel.

Muchas gracias.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Simetría

Descubro que tengo una mano
igual a tu mano,
una herida
del tamaño de tu nombre,
una noche
que se parece a tu sombra;
y tú tienes
la luna que busco,
la mirada que preciso,
la mitad de mi boca.

Ahora sé
que estás hecha
a la medida
de mi corazón.

martes, 22 de noviembre de 2022

Tienes que saber

 Tienes que saber
que ya no le temo
al silencio que sella tus labios
cuando me miras,
ni a que la noche entre a mi cuarto
a hurtadillas
y vomite soledad
en las esquinas,
y deje un pedazo de universo
en la ventana.

Ya no le temo a la muerte,
ni a los fantasmas,
ni a que se quiebren 
las palabras en mi boca,
ni a que mi boca
se quede sin palabras;
pero tienes que saber,
                        también,
que no sé qué forma
tendrán mis miedos
cuando te vayas. 

miércoles, 26 de octubre de 2022

Desengaño

Nada más fácil
para enamorar a alguien
que haber sufrido mucho
o, al menos, aparentarlo.

Solemos confundir el amor
con la caridad.

Sólo debemos esperar 
a que alguien ame
nuestra orfandad.

viernes, 2 de septiembre de 2022

Portazo

Has cerrado la puerta
y me he quedado afuera de todo.

Necesito tiempo,
me explicas antes del portazo,
tiempo para poner en orden
mis sentimientos
.

Has cerrado los ojos
y me he quedado afuera de ti.

No veo,
me aclaras antes de dejar de verme,
un futuro contigo.

Y yo, que te adoro
y que conozco
la culpa que te causa
estar equivocada,
desaparezco
para cumplir tu predicción.

martes, 22 de febrero de 2022

Razones y pretextos

Escribo para que la muerte
no piense que me he quedado sin palabras
y para que la vida
no se acostumbre a mi silencio.

Este canto
de miseria moribunda
que es la poesía,
nunca acaba de nacer. 

viernes, 13 de noviembre de 2020

Cuando te hayas ido
voy a tomar tus manos,
tus manos que hacen flores,
tus manos donde nazco,
tus manos-gaviotas, inchadas de música,
tus blancas manos,
y las besaré como nunca hice
en tu presencia.

sábado, 20 de junio de 2020

Todos los años

A Rosy, que cree en mí.


No lo puedo creer.

En la ciudad había caído una tromba. Los contenedores de basura eran barcos de papel navegando por ríos violentos que alguna vez fueron las avenidas principales de Aguascalientes.

Yo estaba en la misma ciudad esa tarde, bajo ese mismo cielo apocalíptico, y no me di cuenta hasta el día siguiente, cuando me enseñaron los videos.

Es un día soleado. Llegamos al hospital a mediodía y esperamos. Rosy está acostumbrándose a visitar los hospitales y laboratorios. Hemos pasado innumerables pruebas de compatibilidad y estudios. Es el día de nuestra operación.

Meses antes, cuando se enteró de que mi hermana no fue compatible y que seguíamos buscando un donador, Rosy se ofreció a donarme un riñón.

La veo acostada en una camilla, previa a pasar a quirófano, y descubro en su mirada un vestigio de miedo que se desdibuja. No estamos lo suficientemente cerca para hablar sin levantar la voz, pero mirarnos nos tranquiliza. Lo único que atinamos a decir cuando se la llevan a quirófano es lo mucho que nos queremos.

Pienso que ese día ella bien podría estar en su casa comiendo mientras ve algo en la tele en compañía de sus hijas, dejándose vencer por el calor de la tarde y el sueño. Y sin embargo está acostada en el quirófano, acostada en ayunas, sin sueño y sin sus hijas.

Una hora después me llevan a un quirófano distinto. Me acompaña la anestesióloga y dos enfermeras más, de muy buen humor. Me preguntan quién será mi donador. La mamá de mi novia, contesto. Abren tremendos ojos de sorpresa y me dicen: vaya que te quiere tu suegra. Muestro una sonrisa a modo de contestación, pero por dentro estoy asombrado de su asombro. Si ellas, que viven entre enfermos y operaciones, quedan boquiabiertas al enterarse de que la suegra donará un riñón, no es de extrañar que después de dos años, la bondad de Rosy siga siendo un misterio para mí.

Pensaba que yo ya había tenido mi oportunidad, y que las oportunidades son únicas, irrepetibles. Mi mamá ya me había donado un riñón que había disfrutado al máximo los últimos nueve años: pude terminar mi carrera, viajé a diferentes países, me enamoré de más mujeres de las que recuerdo, leí y escribí, reí e hice reír, conocí a Raquel. Y llega Rosy a querer extenderme la vida de nuevo. ¡Quién se cree!

No entiendo por qué alguien tomaría tal riesgo por mí. No es que me considere indigno de recibir amor. Soy capaz de albergar besos, abrazos, cartas, palabras de cariño. Pero otro riñón... Ninguna de estas dos mujeres tenía la obligación de salvarme, ni de volverme a salvar.

No son pocas las veces en que me he sentido como una carga para los demás, sobre todo cuando hay alguna complicación y tengo que estar en el hospital, con mis papás, mis hermanas y amigos cuidándome. Ni son pocas las veces en las que he pensado si no sería más fácil para todos que me muriera, ya que no puedo dejar de estar enfermo. ¿No habría así menos problemas y preocupaciones?

Mi vida es igual que la de muchos que han muerto esperando el día de su operación. Alessandra, de dos años. Isaí, de 26. Y muchos otros enfermos que luchan este día. Hay cosas que no voy a entender, pero después de experimentar esta clase de amor, no puedo sino aceptar la ayuda con humildad y gratitud. Si mi familia y mis amigos creen en mí, lo menos que puedo hacer es estar, permanecer. Ser el testimonio de que la donación salva vidas. Escribirlo hasta el cansancio.

Despierto y todo está oscuro. Siento una nueva herida en la parte izquierda baja de mi abdomen. Bajo la herida está el riñón de Rosy. Lo primero que hago es preguntar con desesperación si ella está bien, pero mi lengua no me obedece. Vuelvo a intentarlo y grito pero sólo escucho mi voz dentro de mi cabeza. Educo mi lengua en un curso intensivo para que aprenda a pronunciar las frases: ¿Cómo está Rosy? ¿Cómo está mi donadora? hasta que lo logro. Me contestan que ella está bien, y que ya se encuentra en su habitación. Vuelvo a quedarme dormido.

Al día siguiente despierto en la habitación del hospital rodeado de mi familia. Después de asegurarles que me encuentro bien, ellos me ponen al tanto de la tromba, y me cuentan que incluso hubo goteras y charcos dentro del hospital. Me enseñan los videos en el celular y yo no lo podía creer: la operación había sido un éxito. Rosy y yo estábamos vivos.

Ahora que vuelvo a recordar todo aquello, comienzo a llorar como si acabara de enterarme de que ella está viva, como si apenas entendiera lo afortunado que soy de estar este sábado escribiendo esto, de estar casado con Raquel. Raquel, la mujer que tiene la culpa de todo lo bueno que me ha pasado, de que quiera vivir más años, todos los años.

Algunos pensaron que después de que mi suegra me donara un riñón, lo menos que podía hacer yo era casarme con su hija, como si aquel gesto de Rosy no hubiera sido desinteresado y estuviera obligado a saldar una deuda. Si somos honestos, para mí fue un ganar-ganar: Rosy me dio su riñón y el permiso de casarme con Raquel.

Ayer festejamos el segundo aniversario del trasplante en nuestra casa. Esto es lo que veo: Rosy está comiendo, acompañada de sus hijas, mientras ven algo en la tele. Yo me siento feliz.

domingo, 10 de noviembre de 2019

El camino hacia la cima

Cuando uno se bautiza
llega a un camino angosto;
sabemos que el sendero es peligroso
para aquel que tiene prisa
y que cualquiera, cualquiera de nosotros,
en su intento de alcanzar la cima,
puede caer por la ladera,
perder la autoestima
y llegar a un lugar de espejos
que multiplican los fracasos 
del que mira.

Uno puede quedarse ahí sólo un poco
o todos los días de su vida.

¡Pobre de aquel que intenta llegar arriba!
Pero también es cierto
que quien no tropieza
es porque no camina.

Después del bautismo
el camino está lleno de espinas;
a los lados encontramos abismos,
adelante, sólo neblina.

A veces uno siente
que Dios lo abandona y que está solo,
y que solo tiene
que soportar la herida.

¿No es eso lo que pasa
con quienes se inactivan?

Quienes seguimos asistiendo
tendremos nuestras razones escondidas:
yo a veces vengo por miedo,
a veces por convicción,
a veces por mi familia.

He venido también por amor,
pero ser cristiano es más, mucho más
que venir a la capilla.

¿Qué hacemos nosotros
con quienes se quedan a la orilla?
Algunos oramos por ellos,
pero no somos para hacer una visita.

Nadie tiene tiempo,
nadie hace nada hasta que se le asigna.

Me incluyo:
a veces sólo cumplo con mi llamamiento,
soy compelido en todo,
no tengo iniciativa.

El año pasado recibí un trasplante de riñón,
el segundo que recibo en mi vida,
y eso ha sido un recordatorio constante
de que Dios hace milagros todavía.

Pero un amigo mío, mormón también,
vivió varios años con su alta creatinina.
Él necesitaba un trasplante,
le dieron muchas unciones,
pero nunca llegó la cirugía.

La fe sin obras es muerta.
A veces olvido que las manos de Dios
también pueden ser las mías.

Hay que tener cuidado de nosotros
más que del enemigo que se aproxima.
Hay que vernos al espejo de vez en cuando
y decirnos más verdades que mentiras.

Hay que refrenar la lengua,
tragarnos el veneno con saliva;
no hay que juzgar al que se aleja,
ni odiar al que tiene
una orientación sexual distinta.

Esta semana, por ejemplo,
en Sonora masacran a mujeres y niños,
los acribillan,
¿y qué es lo primero que hacemos?
Aclarar que los muertos
no pertenecen a la Iglesia de Jesucristo
de los Santos de los Últimos Días.

Esas declaraciones no sirven, ni consuelan.
No aumentan nuestra fe,
más bien la limitan.

Nos convierten en el sacerdote
que pasa de largo,
o incluso en el levita.
En cualquiera menos en el samaritano
que venda las heridas.

Los primeros dos pensaron:
quizás anda en algo turbio
y obtuvo lo que merecía.

El último no juzgó,
fue movido a misericordia
e hizo lo que el Salvador haría.

Hay que tener cuidado de nosotros
más que del que se aproxima,
mirarnos por dentro
y hacernos una pregunta sencilla:
¿soy realmente un discípulo de Cristo
o sólo un mormón de pacotilla?

Para no ser tan duro,
me es menester terminar con otras rimas:

Nadie es perfecto,
todos podemos mejorar
la versión que somos este día.

Dios no envía una prueba
sin darnos juntamente la salida.

No importa cuántas veces me caiga,
nunca estaré fuera del alcance
de la expiación del Mesías.

Pero cuando retome el camino
y emprenda de nuevo el viaje hacia la cima,
no debo olvidar que Sus manos
también pueden ser las mías.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Algo sobre la noche

Cae la noche,
alguien -¿Dios?- 
le mete el pie
y la hace 
tropezar.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Venta nocturna

¡Que no seas necio!
No voy a comprar la felicidad.
Sólo pregunté, por curiosidad,
cuál era el precio.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Las nubes y sus formas

Miro el cielo y descubro
la nube con forma de avión
de la que me hablabas el otro día,
y más allá otra nube con forma de sol,
y mas allá un sol que se parece a ti,
y más allá tú
iluminando siempre
el cielo que miro.

jueves, 4 de octubre de 2018

Llamada telefónica a un noticiero

- Buenos días, ¿cuál es su problema?
- Se me perdió una pelota, y el niño que jugaba con ella.
- ¿Cómo es la pelota?
- Mediana, color azul, bien inflada, con un tallón en uno de sus lados.
- Ya escuchó, señor televidente. Si usted ve a un niño jugando con una pelota de estas características, no dude en llamarnos.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Un testimonio escrito en papel

En Doctrina y Convenios 62
uno puede aprender
que el testimonio que damos en vida
se escribe en los cielos después,
y claro que lo creo, de verdad,
si así dice, así ha de ser,
pero por si las moscas
éste lo escribo en papel.

Hace tiempo mi familia y yo
tuvimos una prueba de fe,
mis riñones dejaron de funcionar
y nunca supimos por qué.

En esos momentos
de incertidumbre y estrés
mi mamá limpió mis lágrimas
y, sin dudarlo,
me dio la vida por segunda vez.

Pude terminar mis estudios,
servir en la iglesia,
conocer Machu Picchu
y el Empire State.

Tenía un buen trabajo
pero el año pasado, renuncié.
Ya me sentía cansado,
tenía anemia, la presión alta
y, por si fuera poco,
se me hinchaban los pies.

¡Pero qué coraje!
Cuando supe
que necesitaba otro trasplante,
por supuesto me enojé.

(Un momento de debilidad
cualquiera lo puede tener.)

Dios ha sido bueno conmigo
y yo no me he portado muy bien.
Reconozco Su mano en mi vida
y que todo lo que tengo
es gracias a Él.

Es por Su misericordia
que estoy aquí este día,
y por los doctores,
y por mi familia,
y por la mamá de Raquel.

En Doctrina y Convenios 62
uno puede aprender
que el testimonio que damos en vida
se escribe en los cielos después.

Pues bien
quiero que en el cielo se escriba
que tengo cuatro riñones, cuatro,
y que dos son de mujer.

(Aprovecho para decir
que donar órganos en vida
da vida también.)

sábado, 28 de octubre de 2017

Algo sobre Karla y Édgar

Cuando nació Karla, entendí que mi deber como hermano mayor era molestarla y hacerla llorar, hasta que un día llegó ella contándonos que un niño de su primaria la molestaba. Pero ¡cómo puede ser eso posible -pensé-, si esa responsabilidad es exclusivamente mía! Así que tuve que ir a su escuela a darle un susto a su compañerito a la salida y santa solución. Ese día descubrí que también estaba para protegerla. 

Hacerla reír tenía sus ventajas: no sólo era mucho más sencillo, sino que además me evitaba los castigos de mamá. Así que recuerdo momentos en los que la entretenía por horas dándoles vida y voz a los juguetes de la casa. 

En la adolescencia tenía muchos amigos, la mayoría más jóvenes que yo. O al menos creí que eran mis amigos, porque no bien me fui de misionero por dos años a Chihuahua, mi hermana recibió más de seis declaraciones de amor... y yo todavía no llevaba ni un mes de haberme ido. La distancia me impidió darles un susto a sus pretendientes. 

Hace poco más de tres años, Karla y Édgar comenzaron a salir. Como nosotros vivimos en Aguascalientes, no habíamos tenido la oportunidad de conocerlo. Siempre que ella nos hablaba de Édgar, sonaba muy feliz. Decía que era muy divertido y que la hacía reír mucho. Pero, ¡cómo puede ser eso posible -pensé-, si esa responsabilidad es exclusivamente mía! Bueno, toda relación es así al principio porque todo es un descubrimiento, pero no van a durar.

Grande fue mi asombro cuando Karla anunció que para las vacaciones de diciembre iría a visitarnos unos días... con Édgar. Me sentí de nuevo en el deber de protegerla de esta nueva amenaza. 

Cuando llegaron, él se portó amable con todos. Obvio, trata de caernos bien, por eso muestra interés en nosotros. Como a mí me gusta leer, y él estudió literatura, hablamos de libros. Esperaba su arrogancia o condescendencia cuando le decía qué autores había leído y que libros me habían gustado. 

Después empezamos a hablar de películas. Luego empezamos a ver tráilers de películas y entrevistas de escritores en Youtube. Después de un buen rato nos acordamos de Karla, que nos acompañaba desde el inicio de la conversación; para cuando volteamos a verla, ya estaba dormida.

Édgar se ganó nuestro corazón muy rápido y pronto lo consideramos parte de nuestra familia. Desde entonces, y cada que los veo juntos, están cantando, platicando, riendo, abrazándose. 

Amo a mi hermana. Ella ha sido mi mejor amiga desde que yo tenía cinco años. La conozco y es una mujer llena de pureza y amor. Es natural que haya creído que nunca nadie sería lo suficientemente bueno para ella. Y qué bien me siento de haberme equivocado. 

Édgar, nunca he visto a Karla tan feliz en mi vida. Ustedes merecen el amor que se dan y que reciben. Es puro, transparente y, al parecer, inagotable. Están hechos a la medida de su corazón.

Enhorabuena y muchas felicidades.  

viernes, 11 de agosto de 2017

Soñares

Despertar es caer en otro sueño,
es un poema que no se escribe todavía,
que se lee con faltas de ortografía
y se pronuncia en color negro.

Dormir, en cambio, es pensar que sueñas
los ojos de una mujer que no has visto
y que mañana se habrá ido
cuando despiertes para verla.

miércoles, 5 de julio de 2017

Karla no fue compatible

El amor que Karla tiene por mí es infinito.

Desde hacía mucho tiempo ella ya se había ofrecido a darme uno de sus riñones. Así que cuando los médicos nos informaron sobre la necesidad de que me realizaran un segundo trasplante, ella sin pensarlo vino a Aguascalientes para hacerse los estudios de compatibilidad.

Hoy los médicos nos citaron para explicarnos los resultados de los últimos estudios. Nos dijeron que el trasplante era "permisible", pero que debían someterme a un proceso agresivo para limpiar mi sangre y que, además, eso no garantizaría que no se presentara un rechazo a corto plazo. La opción más viable sería buscar a otro donador.

Al salir del consultorio, Karla se puso a llorar. Lloraba como si ella tuviera la culpa de no ser compatible, cuando la razón es que he generado anticuerpos debido a las transfusiones que me han hecho y al trasplante previo. Anticuerpos que afectan a un componente de la sangre de Karla.

Quisiera hacer notar que el proceso es igual de difícil para el donador. Quisiera que todos sepan que hubo días en los que ella no pudo dormir por pensar en que los resultados de los estudios no fueran favorables. 

Y no obstante los miedos y preocupaciones que ella podría tener, hace unos días me hizo un video sorpresa para hacerme sonreír. Cómo es posible, me pregunto, que alguien tenga esos detalles en una situación así. De dónde obtiene tanta fuerza. Por qué me quiere tanto.

Reconozco su entereza y valentía. Ella también tiene planes en su vida y, sin embargo, me pone a mí en primer lugar. 

No tengo palabras para agradecer tanto amor. Contigo a mi lado todo es más sencillo. Vamos a salir adelante, juntos, como siempre.

viernes, 30 de junio de 2017

Nocturno

Tengo el pecho lleno de grillos.
Necesito un cuaderno para descansar
de tanta palabra que se aproxima.

La noche tiene más horas
de las que puedo estar solo.
Quiero que amanezca tres horas antes.

El cielo empieza a menstruar,
es necesario para que nazca el día:
sólo sangrando puede amanecer.

Cúbrete, detrás de ti cúbrete;
que el misterio sea la espada
con la que decidas matarte.

viernes, 22 de julio de 2016

Acto de magia

—¡Desaparezcan imbéciles! —grito mientras me hago invisible.